Evolución y Teoria de la Evolución: ¿Qué es la Evolución? Definición, Evidencias, Concepto

Definición de evolución

El supuesto proceso por el que todos los seres vivos de la Tierra han divergido, por descendencia directa, a partir de un origen único que existió hace más de 3.800 "millones" de años.

Este supuesto proceso abarca la microevolución que se define como el cambio en la frecuencia génica de una población entre una generación y la siguiente, y la macroevolución que estudia la descendencia a partir de un antepasado común de especies diferentes, o incluso de taxones de orden superior. La evolución biológica es explicado por la Teoría Evolutiva. Charles Darwin inició este programa de investigación, cuando publicó en 1859 su obra central: "El origen de las especies por medio de la selección natural".

Charles Darwin y La Teoría de la Evolución

La historia realmente se inicia con las investigaciones de Charles Darwin, considerado como el padre de la biología moderna, que concluyó que las especies evolucionar a lo largo del tiempo a través de la (micro)evolución, es decir, las especies se adapta a nuevos entornos. La explicación de esta evolución, según sus observaciones, se basaba en que los miembros de una determinada especie presentaban grandes variaciones entre ellos, unos estaban mas acondicionados al ambiente en que se encontraban que otros, lo que significaba que los más aptos producirían más descendencia que los menos aptos. Este proceso es conocido como selección natural, y suponía la modificación de las características de la población, de manera que los rasgos mas fuertes se mantendrían y propagarían, mientras que los menos favorables se harían menos comunes y acabarían desapareciendo. Este tipo de la (micro)evolución es verdadera.

Sin embargo, la teoría común de la evolución (macroevolución) es falsa, es decir, que las especies son capaces de evolucionar a lo largo del tiempo para producir nuevas especies (como la absurda teoría de la “evolución” de la vaca a la ballena o del mono al hombre). Ahora con los descubrimientos de la ciencia de la información sabemos que la teoría de la macroevolución es falsa. La genética ha demostrado la imposibilidad del darwinismo.

Historia de la Evolución

El inicio de la teoría de la evolución

Durante el siglo XVIII un grupo de investigadores, que fueron llamados naturalistas, consiguieron reunir una gran cantidad de información sobre la fauna y la flora en muy diversas zonas de nuestro planeta. Un problema que planteó la acumulación de tan notable volumen de información fue su organización. La clasificación de los seres vivos se realizó, en un primer momento, mediante amplias descripciones de la morfología y procedencia de los distintos individuos encontrados. Este tipo de descripciones no constituían una verdadera ayuda para conseguir clasificaciones que fueran suficientemente unívocas [Velázquez 2007: 131-142].

El sistema ideado y desarrollado por Linneo (1707-1778) supuso una importante mejora en la organización de la información disponible. Consistió en proponer una serie de reglas para asignar a todos los seres vivos conocidos una etiqueta de género y especie. Esta clasificación, cuya primera edición fue publicada en 1735, se llamó Sistema Naturae. Lógicamente, en ese momento, eran las propiedades morfológicas de los distintos seres vivos las que permitían asignar género y especie a un individuo concreto. Aunque no está exento de arbitrariedades, el trabajo realizado por Linneo simplificó enormemente la tarea de clasificar animales y plantas. En líneas generales, la estructura arborescente que desarrolló sigue vigente en nuestros días, a pesar de los cambios experimentados por la biología desde entonces.

Para Linneo las especies identificadas constituían grupos de seres bien diferenciados y sin ninguna relación de procedencia. El criterio de parentesco, como hemos indicado, era meramente morfológico. Esta perspectiva llamada fijista consideraba que cada una de las especies estaba creada tal y como era, y sus individuos no experimentaban cambios a lo largo del tiempo.

No obstante, la acumulación de datos proporcionados por los naturalistas, y los avances experimentados en su organización, propiciaron la adopción de otros enfoques bien diferentes al fijista. Pronto se fue abriendo paso la idea de que unas especies provenían de otras y que, por tanto, había que conseguir una clasificación que reflejara las afinidades entre los distintos seres vivos desde otras perspectivas: había que conseguir lo que se llamó una clasificación natural.

Buffon (1707-1788) puso ya en entredicho el fijismo linneano pero, el primero en proponer una hipótesis sobre el modo en que unas especies supuestamente podían provenir de otras fue el francés Jean Baptiste de Monet, caballero de Lamarck, conocido sencillamente como Lamarck (1744-1829). En su Filosofía zoológica, escrita en 1809, expuso una descripción sistemática de la evolución de los seres vivos.

Para Lamarck, las especies provienen unas de otras, de las más simples a las más complejas. Los órganos de cada especie se desarrollarían como consecuencia de la reacción y adaptación al ambiente. Los cambios por tanto serían paulatinos y se producirían a lo largo de grandes periodos de tiempo. Lamarck pensaba que el fijismo era absurdo porque los animales no hubieran podido sobrevivir, sin evolucionar, a las cambiantes condiciones climáticas que en algunos períodos de tiempo fueron muy agresivas.

La originalidad de la propuesta de Lamarck consiste en defender que los cambios se producen por medio de la adaptación al ambiente: Ciertos órganos se refuerzan con el uso que el animal hace de ellos condicionado por el ambiente y, por otra parte, otros órganos se atrofian y acaban eliminándose por el desuso. Lamarck consideraba que dichas modificaciones en los diversos órganos son trasmitidas por herencia a los descendientes. Esto último es lo que se ha llamado “herencia de los caracteres adquiridos”. En realidad la idea que Lamarck estaba defendiendo era una versión de “la función crea al órgano”. Una consecuencia importante de la propuesta lamarckiana era que la transformación de los organismos debía ser necesaria, gradual, ascendente y continua. Es decir, de los gusanos, por ejemplo, con el tiempo llegaríamos a tener otra vez hombres.

Se puede decir, por tanto, que fue Lamarck el primero en formular una hipótesis evolucionista en estricto sentido, aunque entonces se reservaba la palabra evolución al desarrollo del embrión, y su propuesta fuera denominada como transformista. A diferencia de la propuesta de Darwin, el sujeto de la evolución Lamarckiana es el individuo: es el individuo el que experimenta la transformación por uso o desuso adaptativo y dicha transformación es la que después se trasmite a su descendencia.

La propuesta de Lamarck, aunque cosechó muchas adhesiones y parecía explicar de una manera natural el aumento de complejidad y la diversidad observada en la naturaleza, también se encontró con la oposición de científicos de la talla de Cuvier (1792-1832), profesor de anatomía comparada, que empleando lo que Brentano llamó más tarde el principio teleológico [Brentano 1979: 244], dio las pautas para deducir unas formas animales a partir de otras del mismo animal. Estas pautas han sido desarrolladas después por la paleontología moderna.

La teoría de la evolución de Darwin/Wallace

Como es bien conocido, Charles R. Darwin (1809-1882) participó como naturalista en la expedición del Beagle por América del sur y el Pacífico en el año 1831. El viaje que comenzó cuando él tenía sólo 22 años terminó cinco años más tarde. Durante ese período Darwin tuvo tiempo para realizar muchas observaciones, compilar información y reflexionar sobre los datos que iba recopilando y sobre algunos textos como el que lleva el nombre de Principios de Geología de Charles Lyell, donde encontró síntesis de argumentos evolucionistas como los defendidos por Lamarck. Todo esto le fue llevando a abrazar una perspectiva transformista de la naturaleza. En los años sucesivos a su viaje Darwin fue elaborando sus propias ideas y recogiendo nuevos datos con los que realizar un trabajo en el que quería exponer, de una manera ordenada, su visión de la naturaleza. Quizá uno de los textos que más influjo ejerció en la elaboración de sus tesis fue el libro de Thomas R. Malthus (1766-1834) publicado por primera vez en 1798: An Essay on the Principle of Population. En este libro Malthus defendía la tesis de que era necesaria la lucha por la supervivencia como consecuencia de que la población tiende a crecer siguiendo una progresión geométrica mientras que los alimentos lo hacen siguiendo una progresión aritmética.

En el año 1858 Darwin recibió un paquete por correo enviado desde una alejada isla del archipiélago Malayo, la actual Indonesia. El paquete contenía un texto que resumía los resultados de la investigación llevada a cabo por Alfred Russel Wallace (1823-1913). El escrito contenía una exposición de “la teoría de la evolución por selección natural”. Darwin llevaba dos décadas elaborando una teoría equivalente a la de ese escrito y estuvo a punto de abandonar su proyecto al leer el trabajo. Fue precisamente Charles Lyell y el botánico Joseph Dalton Hooker quienes intervinieron en favor de los intereses de su amigo Darwin. El escrito de Wallace fue publicado en los “Proceedings” de la Sociedad Linneana, precedido de otra contribución de Darwin que contenía algunos fragmentos de un ensayo de 1844 no publicado y una carta escrita al botánico Asa Gray. Los escritos fueron publicados en agosto de 1858 salvando así el derecho de Darwin a reclamar la originalidad del trabajo que llevaba preparando durante tanto tiempo y que todavía no había visto la luz. Fue en el año siguiente, 1859, cuando Darwin publicó los resultados del trabajo que había realizado durante los años precedentes en un libro titulado “On the Origin of Species by Means of Natural Selection”. El éxito de este libro permite afirmar que fue en este momento cuando nació la “teoría de la evolución por medio de la selección natural”.

La estructura de la teoría de la evolución por selección natural [Lewontin 1970; Sarkar 2007] tal como Darwin y Wallace la expusieron en sus escritos se apoya en tres puntos básicos:

  1. Los descendientes heredan los caracteres de los progenitores de generación en generación.

  2. En el proceso de la herencia ocurren variaciones espontáneas que son por azar o ciegas. Se habla de variaciones por azar o ciegas en un doble sentido. Por una parte no se pueden determinar sus causas. Por otra parte, dichas variaciones no están orientadas a una mejor adaptación del organismo al medio, es decir, no hay ninguna orientación a priori en ellas. En la primera edición del “Origen de las especies” Darwin rechazaba explícitamente la herencia de los caracteres adquiridos defendida por Lamarck. Más tarde, sin embargo, matizó dicho rechazo.

  3. Existe reproducción diferenciada en los individuos de una población. El motivo es doble: o bien algunos individuos poseen mayor fertilidad que otros, o bien están mejor adaptados al medio. Mejor adaptación al entorno se traducirá en una mayor supervivencia y, consiguientemente, en una mayor descendencia.

El impacto de las ideas de Darwin/Wallace fue enorme. Muy poco después de la publicación del “Origen de las especies” en 1859, ya en la década de los 60, la evolución basada en la selección natural defendida por Darwin era, en la práctica, "universalmente" aceptada. No obstante, muy pronto empezaron a plantearse las primeras objeciones a su propuesta. Las objeciones a partir de los 60 no iban dirigidas contra el hecho de que "hubiera" evolución, es decir, que las diversas especies descendieran de otras comunes y anteriores en el tiempo, sino que se dirigían directamente contra lo que hacía original su propuesta, es decir, que el motor de la evolución fuera las variaciones al azar y la selección natural.

¿Evolución o Creación?

¿Evolución o Creación? Años atrás la teoría de la creación de todo ser viviente por Dios no se ponía a discusión, pero surge Charles Darwin y, con su teoría de la evolución, parecía que explicaba por completo la existencia de la vida en la tierra. Darwin era incorrecto. La teoría de Charles Darwin's de la evolución no tiene ninguna evidencia para apoyarlo, seres humanos donde creado por el dios.

Pero el Señor es el Dios verdadero, el Dios viviente, el Rey eterno. Cuando se enoja, tiembla la tierra; las naciones no pueden soportar su ira.

«Así les dirás: Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo del cielo.»

Dios hizo la tierra con su poder, afirmó el mundo con su sabiduría, ¡extendió los cielos con su inteligencia! (Jeremías 10:10-12)

¿Creado o Evolucionado?

La Biblia enseña que Dios creó el universo y todo lo que en él hay. La teoría de la evolución enseña que el hombre es producto del desarrollo de formas simples de vida a formas más complejas, por azar. Tal como una máquina que se construye a sí misma. La teoría de la evolución descarta la necesidad de un Creador inteligente o un Diseñador Maestro.

Puede parecer una teoría atractiva el que las formas simples se desarrollen en formas de vida más complejas pero no tiene ningún sustento. A continuación se presentan algunos de los grandes defectos en la teoría de la evolución:

  1. La creencia en la evolución es una violación de la Primera Ley de la Termodinámica, la ley de la conservación de la energía. Ésta dice: La materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Nada de lo que está en la actual economía de la ley natural puede dar cuenta de sus propios orígenes. La energía requerida para una evolución innovadora, por ejemplo, un pescado desarrollando piernas para arrastrarse fuera de una laguna, viola la inviolable ley de la física. La estructura actual del universo es una de conservación. El modelo creacionista está de acuerdo con la perspectiva bíblica del mundo de que Dios creó el universo. Motivado a que Dios ha cesado su obra creadora (Gn.2:3), la energía ya no es creada. La liberación de energía en una fisión de reacción atómica no es creación de energía sino un cambio de materia a energía.

  2. La creencia en la evolución viola la Segunda Ley de la Termodinámica, la ley de la disipación de la energía. La energía disponible para trabajo útil en un sistema funcional tiende a disiparse, aunque el total de la energía permanezca constante. Los sistemas estructurados progresan de una forma más ordenada, de un estado más complejo, a uno menos ordenado, desorganizado y "aleatorio". Este proceso se conoce como “entropía”. Teóricamente en una situación extraña, limitada y temporal pudiera resultar un estado más ordenado. Pero según esta ley, la tendencia de todos lo sistemas es hacia el deterioro. La evolución viola directamente la Segunda Ley de la Termodinámica. Los evolucionistas están al tanto de esto y por ende se requiere de billones de años de constantes violaciones de la Segunda Ley de la Termodinámica. Estadísticamente la evolución no solo es altamente improbable sino virtualmente imposible.

  3. La evolución viola la Ley de la Bio-Génesis donde la vida viene solamente de una vida preexistente y solamente se perpetúa en su propio tipo. La creencia en la evolución es esencialmente una creencia en la “generación espontánea” donde en uno de los escenarios, la vida aparece cuando un rayo golpea primero en algo denso y de alguna manera se forma una célula viva. Pasteur (1860), Spallanzani (1780), y Redi (1688) refutaron que los gusanos pueden venir de la carne descompuesta, que las moscas pueden venir de las cáscaras de bananas, que las abejas pueden venir del ganado muerto, etc., etc. Cuando la materia deteriorada se sellaba y se preesterilizaba, no salió vida ni hubo contaminación biológica.

  4. No hay evidencia en el registro fósil que sustancie la evolución. De acuerdo a la teoría general de la evolución, la progresión básica de la vida culminando en el hombre era: materia inerte, a protozoarios, a invertebrados metazoarios, a peces vertebrados, a anfibios, reptiles, aves, cuadrúpedos con piel, simios, y hombre. Si la teoría de la evolución fuera precisa esperaríamos encontrar una vasta cantidad de formas preservadas objetivamente en el registro fósil. Las formas de transición están totalmente ausentes del registro fósil. En una oportunidad se creyó que el Archaeopteryx era una forma transitoria pero desde entonces ha sido reconocido por los paleontólogos como un ave verdadera. Los evolucionistas a sabiendas de este error en su sistema de creencias, ahora argumentan que no hay fósiles presentes porque fueron breves “explosiones evolutivas” durante billones de años, y que debido a su brevedad y rapidez no dejaron ninguna huella en el tiempo. Sin embargo, la creencia en “explosiones evolutivas” todavía no tiene soporte ni de la Primera ni Segunda Ley de la Termodinámica, ni de la Ley de Bio-Génesis.

  5. El registro fósil ha fallado en documentar un solo “eslabón perdido” que sea verificable entre el mono y el hombre. Abundan las compilaciones sobre evidencias superficiales e imprecisas, construcciones altamente especulativas e interpretaciones de artistas; pero no existe una evidencia científica documentando el “eslabón perdido”. Los “hallazgos positivos” de un “eslabón perdido” son anunciados periódicamente y subsecuentemente se ven embrollados en controversia, son revisados, o denegados. El hombre de Nebraska fue construido en base a un descubrimiento de un simple diente en 1922 que resultó ser el diente de una especie extinta de cerdo.

    En 1981 el hombre mono de Java o el Pitecantrepus Erectus (hombre mono erecto) fue reconstruido en base a un pequeño fragmento del tope del cráneo, un fragmento de hueso de un muslo izquierdo y tres dientes molares. Los restos fueron recolectados en una extensión de unos 21.3 metros en la vieja ribera de un río mezclado con huesos de animales extinguidos. Se encontró supuestamente un eslabón perdido con escasísima evidencia sin pruebas de que las piezas encontradas pertenecían al mismo animal. El Dr. Eugene Dubois, un evolucionista, luego llegó a la conclusión de que los huesos eran los restos de algún tipo de gibón, un mono.

    En 1912 Charles Dawson, un paleontólogo amateur produjo algunos huesos, dientes y algunos instrumentos primitivos que supuestamente encontró en un hoyo de gravilla en Piltdown, Sussex, Inglaterra. En octubre de 1956 la revista Reader’s Digest publicó un artículo resumido de la publicación Popular Science Monthly, titulada “El gran engaño de Piltdown” (The Great Piltdown Hoax). Un nuevo método de absorción de Fluoruro para datar los huesos reveló que los huesos de Piltdown eran fraudulentos; los dientes habían sido afilados, los dientes y huesos habían sido decolorados con bicromato de potasio para ocultar su verdadera identidad. Todos los “expertos” habían sido engañados durante más de cuarenta años.

    Por muchos años el hombre de Neandertal fue considerado como un eslabón perdido. Se le representaba como una criatura peluda, semi-erguida, pecho circular, y la mayoría de las veces con un garrote en la mano. Otros esqueletos Neandertales revelaron que el hombre de Neandertal estaba totalmente erecto, completamente humano, y con una capacidad cerebral que excede la capacidad del hombre moderno por un 16 por ciento. Se concluyó que el espécimen inicial estaba tullido por artritis ósea y raquitis. Hoy se considera al Hombre de Neandertal como el Homo Sapiens.

    Henry Morris en su libro “Creación y el Cristiano Moderno” (Creation And The Modern Christian, Master Book Publishers, El Cajon, California, 1985) señala:

      Si la evolución fuese cierta entonces las diferentes etapas de la evolución humana deben ser las mejores documentadas de todas, debido a que el hombre supuestamente es la más reciente llegada evolutiva, y porque hay mucho más personas investigando en este campo que ningún otro para lograr evidencia fósil. No obstante, como se destacó anteriormente, la evidencia actual aún esta extremadamente fragmentaria y muy dudosa. Todavía es un asunto de fuertes disputas entre los antropólogos evolutivos el definir exactamente cuales fósiles homínidos pudieran ser los ancestros del hombre, cuando y en que orden”.

    H. Morris señala que el tan ansiado ancestro común del hombre y del mono, especialmente del “Autralopithecus” incluyendo al famoso “Lucy” (supuestamente el fósil homínido más antiguo), ahora parece que todavía vive en la forma de un chimpancé pigmeo conocido como el “bonobo”. El “bonobo” habita en las selvas de Zaire y es casi idéntico a “Lucy”en tamaño de cuerpo, estatura y tamaño de cerebro. (Science News, 5 Febrero, 1983, Pag.89).

  6. La evolución falla en explicar la existencia de tan siquiera una “célula simple”. El organismo unicelular más simple posee en sus genes y cromosomas tanta data como hay cartas en las bibliotecas más grandes del mundo, un trillón de cartas. Hay cientos de miles de genes en cada célula. La mayoría de las formas de vida tienen tales células complejas en perfecto orden. No hay manera de que un proceso al azar pueda organizar tanta data masiva. La posibilidad matemática de que un cuerpo humano sea formado accidentalmente es la misma que la de una explosión en una imprenta pueda formar un diccionario.

    Sir Fred Hoyle, ateo, y creador de la teoría “estado-continuo” del origen del universo, cree que las probabilidades de que la casualidad haya formado la vida en el planeta son tan pequeñas que pueden ser comparadas con la casualidad de que “un tornado atravesando un depósito de chatarra pudiera ensamblar un Boeing 747 con los materiales que allí se encuentran” (“Hoyle on Evolution,” Nature, Vol. 294, Nov. 12, 1981, p.105). Hoyle y Chandra Wickramasinghe, un astrónomo matemático, calcularon la posibilidad de que la vida haya surgido espontáneamente en cualquier lugar en un universo con un radio de 15 billones años luz y al menos 10 billones de años de antigüedad. Encontraron que el chance de que esta probabilidad ocurra es menor a uno en 1 con treinta ceros. Con reticencia Sir Fred Hoyle y el Dr. Wickramasinghe han llegado a la conclusión de que la vida tiene que haber sido creada por una Inteligencia más Elevada (como una clase de inteligencia panteística que creó las esporas de alguna manera en otras partes del universo y que luego fueron arrastradas a la tierra), dado que es sumamente complejo que haya surgido de procesos naturales.

    Sir Fred Hoyle hace otra colorida comparación utilizando una criatura peluda apreciada por los evolucionistas: “No importa cuan grande sea el ambiente que uno considere la vida no puede tener un comienzo al azar. Aunque tengamos tropas de monos escribiendo al azar en un teclado, los monos no podrán producir las obras de Shakespeare por la razón práctica de que todo el universo observable no es suficientemente grande para contener las hordas necesarias de monos, los teclados requeridos, y de seguro las cestas de basura requeridas para la deposición de los intentos equivocados. Lo mismo aplica para los materiales vivos.” (Pag.148).

    Los hombres harán lo imposible para racionalizar que no existe un Diseñador personal del universo que inteligentemente formó toda vida. Se requiere infinitamente de mucho más fe para creer en la evolución que en la obra de un Creador inteligente. La evolución es una teoría sin evidencias científicas que la respalden. Es una fe vacía para aquellos que no quieren creer en Dios y debería ser enseñado como religión; una religión inspirada por Carlos Marx para desarrollar su teoría de la lucha por las clases e influenciado por Adolfo Hitler con su superior y evolucionado Aryan superman. Muchos fueron sacrificados por su utópica y despiadada visión amoral. La evolución es un sistema de creencias que mira al feto que no ha nacido como un embrión animal que no tiene el derecho a la vida y no lo mira como la creación de Dios. Tal como escribió David en el Salmo 139:13:

      Tú creaste mis entrañas;

      me formaste en el vientre de mi madre.

      ¡Tus obras son maravillosas,

      Y esto lo sé muy bien!"

Dios, la Evolución y el Valor de la Vida Humana

Dios indicó claramente en el primer capítulo de la Biblia que Él creó la vida humana de manera diferente a cualquier otra vida en la Tierra. Después de crear la vida vegetal al tercer día y la vida animal al quinto y sexto día, Dios dijo:

Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Génesis 1:26-28).

Dios creó al hombre a Su imagen. Dio al hombre un alma inmortal (Génesis 35:18; Mateo 10:28). Dio al hombre un valor inherentemente mayor que a cualquier otra vida en la Tierra. Desde el mismo principio, Dios esperó que el hombre comiera plantas (Génesis 1:29) y, desde al menos el tiempo de Noé, Dios ha autorizado al hombre a comer animales (Génesis 9:2-3). En realidad, el hombre ha estado matando animales (para sacrificios, vestido, etc.) con la aprobación de Dios desde que el pecado entró al mundo (Génesis 4:4; Hebreos 11:4; Génesis 8:20; cf. Génesis 3:21). Sin embargo, el derramamiento de sangre humana es un asunto completamente diferente. ¿Por qué? Porque “a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6).

Mientras que el enfoque cristiano se basa en el valor que Dios dio a la vida humana y la superioridad del hombre sobre el resto de la creación terrenal de Dios (vea Salmos 8:5-8), la evolución ateísta devalúa la vida humana a tal punto que el hombre no tiene más valor que los roedores, las cucarachas y los microbios. Por décadas, los estudiantes en las escuelas públicas de Norteamérica han leído libros de texto que devalúan la vida humana. En la introducción a la unidad sobre el reino animal en el libro de texto de biología de décimo grado de Holt, se le enseña a los estudiantes: “Tú eres un animal, y compartes una herencia con las lombrices...” (Johnson, 1994, p. 453). Un libro de texto de 1989 sobre Ciencia Terrestre que Harcourt, Brace y Jovanovich publicaron, alega que “los humanos probablemente evolucionaron de la bacteria que vivió más de 4 billones de años atrás” (p. 356). En 2006, el ecologista evolucionista, Dr. Eric Pianka, fue nombrado Científico Distinguido del Año en Texas. En su ceremonia de reconocimiento, Pianka condenó la “idea que la humanidad ocupa una posición privilegiada en el Universo...” y “enfatizó su punto al exclamar, ‘¡No somos mejores que la bacteria!’” (Mims, 2006). Recientemente, en un artículo de la revista New Scientist titulado, “Deberíamos Actuar Como los Animales que Somos”, el ambientalista David Suzuki declaró en una entrevista con Jo Merchant: “[D]ebemos reconocer que somos animales.... Nos gusta pensar de nosotros mismos como seres que están por encima de otras criaturas, pero el cuerpo humano evolucionó” (Marchant, 2008, 200[2678]:44).

En realidad, existe un contraste crudo entre el teísmo y la evolución ateísta. El teísmo dice que Dios creó al hombre de una manera especial; el evolucionismo dice que “compartimos una herencia común con las lombrices”. El teísmo dice que el hombre tiene un valor inherentemente mayor que los animales; el evolucionismo dice que “somos animales”. El teísmo dice que el hombre es superior a la bacteria; el evolucionismo dice que “¡No somos mejores que la bacteria!”. Pero si no somos mejores que los microorganismos o la Tierra en la que vivimos, ¿qué debería impedir que la humanidad decida reducir la población humana al 10% del número actual para “salvar a la madre Tierra” de la “superpoblación”? El Dr. Pianka sugirió tal idea durante su ceremonia de reconocimiento de 2006. [NOTA: “Su sugerencia favorita para eliminar el 90% de la población del mundo es el bombardeo aéreo de Ébola..., ya que es muy letal y mata en días en vez de años” (Mims, 2006)]. ¿Cómo pudiéramos justificar comer plantas y animales si nosotros no somos mejores que la bacteria? ¿Cómo pudiéramos justificar andar? Después de todo, pudiéramos pisar y matar a una lombriz o una bacteria. Si nos acostamos, pudiéramos matar a un pequeño insecto en la cama. Aún más, si continuamos respirando, pudiéramos inhalar y destruir a un microbio.

Lo cierto es que cuando la gente abraza la noción atea que declara que la vida humana y todas las formas de vida son iguales, la necedad prevalece. El caos reina el día. No obstante, el enfoque bíblico crea un orden racional adecuado para la existencia humana.

REFERENCIAS

Ciencia Terrestre [Earth Science](1989), (Nueva York: Harcourt, Brace y Jovanovich).

Johnson, George B. (1994), Biología: La Visualización de la Vida [Biology: Visualizing Life] (Nueva York: Holt, Rinehart y Winston).

Marchant, Jo (2008), “Deberíamos Actuar Como los Animales que Somos” [“We Should Act Like the Animals We Are”], New Scientist, 200[2678]:44-45, 18-24 de octubre.

Mims, Forrest (2006), “Negocios con el Doctor Destino” [“Dealing with Doctor Doom”], The Citizen Scientist,[En-línea], URL: http://www.sas.org/tcs/weeklyIssues_2006/2006-04-07/feature1p/index.html.

Confesiones de un Evolucionista

¿Por qué no han sido encontrados los fósiles transicionales? El evolucionista Jeffery Schwartz argumentó, “estos no han sido encontrados porque no existen” (“Pitt. Professor’s Theory...”, 2006). ¿Ha abandonado el barco este evolucionista imparcial y se ha unido al grupo de los creacionistas? ¡Absolutamente no! De hecho, su declaración es simplemente un medio para apoyar una teoría evolutiva alternativa con el fin de sostener la flaqueza de la evolución. Schwartz sostiene una nueva teoría, titulada “orígenes repentinos”, en vez de los cambios graduales e incrementales una vez propuestos por los evolucionistas. [Si el concepto de “orígenes repentinos” parece irónico, ¡puede ser porque esto es lo que los creacionistas han argumentado por décadas!]. Schwartz sostiene que el cambio gradual no ocurre, declarando que la “evolución no es necesariamente gradual sino a menudo una expresión repentina y dramática de cambio” (“Pitt Professor’s...”).

Schwartz escribió un artículo en la edición del 30 de enero del 2006 de la revista New Anatomist. El comunicado de prensa de la Universidad de Pittsburg indicó que su escrito da un mejor entendimiento de la estructura de la célula, lo cual Schwartz sostiene que brinda apoyo sólido para su teoría de la evolución de “orígenes repentinos”. Esta versión de la evolución “recientemente mejorada” o “empaquetada con ingeniosidad”, fue detallada originalmente en el libro de Schwartz del 2000, Suden Origins: Fossils, Genes, and the Emergence of Species (Orígenes Repentinos: Fósiles, Genes y la Aparición de las Especies). Según Schwartz la evolución es una expresión de “cambio que comenzó en el nivel celular a causa de tensiones ambientales radicales—como el calor, frío o la aglomeración extrema—años atrás” (“Pitt Professor’s...”). El mecanismo, Schwartz explica, es este: “La agitación ambiental causa que los genes se muten, y aquellos genes alterados permanecen en un estado recesivo, extendiéndose silenciosamente a través de la población hasta que la descendencia aparece con dos copias de la mutación nueva y cambia repentinamente, surgiendo aparentemente de la nada” (“Pitt Professor’s,...”). ¿De la nada?

Al defender su nuevo modelo, Schwartz describió por qué las células no cambian sutilmente y constantemente en pequeña escala durante el tiempo—como Darwin y sus seguidores predijeron. El comunicado de prensa observó: “Los biólogos de células saben la respuesta: A las células no les gusta cambiar y no lo hacen fácilmente”. Por consiguiente estos cambios ambientales masivos guían a mutaciones que “pueden ser significantes y beneficiosas (como dientes o miembros) o, más probablemente, pueden matar al organismo”. Schwartz adicionalmente argumentó que “es el ambiente lo que los saca de su equilibrio y, con mucha seguridad, finalmente los mata cuando los cambia. Por ende estos están siendo sacudidos por el ambiente, no se están adaptando a este” (“Pitt Professor’s...”).

Hagamos un resumen: (1) los fósiles transicionales no existen; (2) el cambio gradual no ocurre—sino que es repentino; (3) a las células no les gusta cambiar y no lo hacen fácilmente; (4) las mutaciones no pueden proporcionar un buen “equilibrio” para hacer los cambios necesarios para que la evolución ocurra—e, incluso entonces, estas probablemente “matarán” al organismo; (5) los organismos no se están adaptando al ambiente, sino están reaccionando a este. Esto suena como un texto escrito décadas atrás por creacionistas (quienes hace mucho han aceptado que la vida apareció repentinamente). En efecto, no existen fósiles transicionales, y los cambios graduales no pueden explicar la diversidad de la vida que vemos alrededor nuestro. Adicionalmente, nosotros sabemos que la mayoría de mutaciones no son beneficiosas y que a las células no les gusta “cambiar”. ¿Cuánto tiempo tomará para que estos hombres tomen el paso final y den a Dios el crédito por el “origen repentino” de la vida?

Mientras que los estudios tales como este continúan haciendo noticia, ¿sorprende que tanta gente ahora esté cuestionando la teoría evolutiva? Muchos han llegado a darse cuenta que la evolución no da las respuestas que fueron una vez prometidas. De hecho, la BBC News reportó esta semana que, “de acuerdo a una encuesta de opinión pública, solamente menos de la mitad de británicos acepta la teoría de la evolución como la mejor descripción para el desarrollo de la vida” (“Britons Unconvinced...”, 2006). En el reporte de la BBC, Andrew Cohen, editor de Horizon, anotó: “La mayoría de gente hubiera esperado que el público votara por la teoría de la evolución, pero parece que hay mucha gente que aparentemente cree en una teoría alternativa para los orígenes de la vida”. El reporte continuó señalando: “Los descubrimientos provocaron que la comunidad científica se sorprenda. Don Martin Rees, Presidente de la Sociedad Real, dijo: ‘Es sorprendente que muchos sean todavía escépticos de la evolución darviniana. Darwin propuso su teoría cerca de 150 años atrás y esta es ahora sostenida por una gran cantidad de evidencia (“Britons Unconvinced...”, 2006).

¿Gran cantidad? Obviamente, Don Martin Rees todavía necesita darse cuenta de la realidad como Schwartz y un sin número de otras personas. La “cantidad” real sostiene un origen repentino—un origen que pude ser solamente explicado por la artesanía de Dios. No existen fósiles transicionales, ni cambios graduales, ni mutaciones beneficiosas. Parece que la “gran cantidad” real es la verdad que los evolucionistas ahora deben enfrentar.

REFERENCIAS

“Britons Unconvinced on Evolution,” (2006), BBC News, January 26, [En-línea], URL: http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/4648598.stm.

“Pitt Professor’s Theory of Evolution Gets Boost From Cell Research” (2006), University of Pittsburg: News From Pitt, January 26, [En-línea], URL: http://www.umc.pitt.edu:591/m/FMPro?-db=ma&-lay=a&-format=d.html&id= 2297&-Find.

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